El Correo: Miranda Social Energy acelera la búsqueda de personal para acabar el año con 24 en plantilla
La empresa reconoce la dificultad para encontrar gente con discapacidad que sumar a una plantilla con 9 trabajadores
El Correo: Cristina Ortiz. 18/10/2026
Miranda Social Energy necesita incorporar más personal, pero no está resultando fácil hacerlo. Las limitaciones del mercado laboral a la hora de encontrar candidatos que tengan reconocida una discapacidad, les está ralentizando el arranque de la actividad;si bien confían en que una vez iniciada la operativa en la planta de Las Californias sea más fácil crecer. Ahora son nueve, pero el objetivo es llegar a tener a 24 personas en plantilla en el más corto espacio de tiempo posible. En cuanto se pueda.
«Nos está costando contratar gente», reconocía el director de la empresa, Carlos Hernández; pese a que las incorporaciones se hacen con las tablas salariales del sector del metal en Burgos, no con el salario mínimo que aplican los centros especiales de empleo, que es lo que son. «Las condiciones son mejores porque nosotros nos regimos por el convenio del sector y los horarios son más asequibles, ya que se trabaja mañanas y tardes de lunes a viernes, ni noches ni fines de semana».
Son conscientes de que a muchas personas cuyo contrato va ligado al reconocimiento de una discapacidad les cuesta «dar el paso y salir de su espacio de confort» porque no siempre les ha resultado fácil acceder al mercado laboral. De hecho, aunque ahora lo sea, en la mayoría de los casos las ofertas llegan de empresas de limpieza o logística. Entrar en otros sectores, como el industria, que es al que pertenece Miranda Social Energy, sigue resultado complicado.
«Lo desconocido siempre da más respeto». Además, no todas las discapacidades son aptas para el trabajo en la planta de Las Californias. Los puestos requieren estar de pie y hacer movimientos repetitivos para tareas casi «de artesanía» en la industria.
Pero no están dispuestos a tirar la toalla y confían en que el boca a boca les ayude a llegar a esas 24 personas que necesitan ya en plantilla para poder responder a la carga de trabajo que concentran. «No damos abasto y no se trata de algo puntual. «Nuestro sector es puntero, está en auge y tiene unas previsiones de crecimiento muy altas», apuntó Hernández. Así que, pese a ese pequeño escollo que está suponiendo la contratación en el arranque, se mostraba más que satisfecho con los trabajadores que tienen. «Estamos muy contentos. La gente funciona, el ambiente es muy bueno. Estamos obteniendo rendimientos muy positivos y vamos cumpliendo con nuestros clientes…» pero, eso sí, nos gustaría llegar al objetivo lo antes posible». Hasta el punto de que han hecho extensiva su búsqueda a localidades como Haro o Vitoria.
«Estamos avanzando, pero no al ritmo que nos gustaría». Si bien, la velocidad de implantación también ha sido más lenta de lo previsto por cuestiones ajenas a Miranda Social Energy, por lo que no arrancaron la operativa hasta finales de verano, ya en septiembre.
Pero resolver las dificultades de contratación a fin de poder cumplir con los pedidos de sus clientes sí que es responsabilidad de la compañía, porque las empresas para las que trabajan les exigen los mismos estándares de calidad y requisitos que a otras industrias que no sean centros especiales de empleo, como es su caso. «La parte social la ven como algo positivo pero no condiciona que nos contraten. Si no somos competitivos en precio, calidad y servicio nos quedamos fuera, no nos tendrán en cuenta», incidió Jonatan Belarde, responsable del área de negocio.
Y, a priori, con el fin de dar respuesta al volumen de trabajo que la firma para la que fabrican piezas de transformadores eléctricos de alta tensión les puede derivar, calculan que en un año deberían estar 40 personas en plantilla. «Para septiembre de 2027 deberíamos estar en esos números. Ese sería nuestro reto. Es ambicioso, duro, pero está ahí. Hay que marcarlo en esas cifras. El cliente tiene mucho trabajo y es una muy buena oportunidad para desarrollar la empresa aquí. Una de nuestras máximas es el servicio al cliente» que aunque confía mucho en el Grupo Urbegi, con los que trabaja desde 2008, también son conscientes de que hay más competencia.
De ahí que estén barajando abrirse a la contratación de discapacitados que necesiten personal de apoyo y pueden realizar las tareas más sencillas. «Es una nueva vía a explorar, porque es un modelo que ahora no tenemos», avanzó Ángel Alonso, responsable industrial; y que animaba a que les lleven currículum.
«Cuando empecé a trabajar aquí, me independicé»
laura García
Puede que el dinero no dé la felicidad, pero ayuda, y mucho. Ysi no que se lo pregunten a Laura García. A ella conseguir un trabajo con una nómina por encima del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), al que se había acostumbrado desde que hace cinco años le reconocieran una minusvalía del 36% por una esclerosis múltiple, le ha permitido independizarse. Las cuentas le salían y no se lo pensó mucho. «Cuando empecé a trabajar aquí, me fui de alquiler».
Por eso valora de manera muy positiva el haber encontrado una oportunidad en el que la paguen según lo que marca el convenio del sector, del metal, en este caso. Aunque cuando se enteró, reconoce que acudió con cierto recelo, pensando que luego las condiciones finales serían otras. Pero no, eran tal cual aparecían en la oferta que le llegó. «Me sorprendió mucho que a pesar de ser un centro especial de empleo no te pongan el sueldo en relación a eso. En los trabajos con discapacidad sueles ganar el mínimo, mínimo, mínimo».
Así que optar a más ingresos fue un aliciente para lograr el empleo. «Contar con un sueldo bien y que no te discriminen por tener una discapacidad para pagarte menos, se agradece». Es lo que está viviendo en su actual empleo. «Llegué sin saber lo que era una bobina. Se han molestado en enseñarme y están muy pendientes».
«A final de mes te gusta recibir lo que das, no el SMI»
Sergio Doblas
Una enfermedad profesional, concretamente una alergia a los productos químicos que fue desarrollando a lo largo de muchos años de exposición en el trabajo, le dejó fuera del mercado laboral el año pasado con 47. Así que con la pensión del 55% de su salario anterior y un certificado de discapacidad el 33% empezó la búsqueda de un empleo que pudiera desarrollar sin poner en riesgo su salud y que no le hiciera perder capacidad económica, optando sólo al SMI.
Ahí apareció la oportunidad de entrar en Miranda Social Energy. Es la segunda empresa que lo contrata desde que vio reconocida esa minusvalía y las condiciones no tienen nada que ver con las del anterior empleo, en limpieza, en el que cobraba el SMI. Cantidad que, al completarla con la jubilación que percibe sí le permitía vivir sin agobios, en lo económico;pero no en lo anímico, en lo personal. «Aquí te sientes más valorado. Limpiar es un trabajo tan digno como otro cualquiera, pero no es lo que había estado haciendo siempre. Además, a final de mes te gusta recibir lo que estás dando, no el salario mínimo porque sí. Tener discapacidad no significa que tengas que ganar el mínimo porque tú das lo mínimo, no. A todos nos exigen en el trabajo».
Así que cuando vio que Miranda Social Energy proponía contratar atendiendo a lo estipulado en el convenio del metal, no se lo pensó. «Está bien pagado». Además, sabía que no iba a tener ninguna dificultad en realizar las tareas, ya que su único problema está en la exposición química a determinados productos y con ello no trabajan.
«Es un empleo que te da seguridad y estabilidad»
Gala Corujo
Un problema de salud la obligó a cerrar la tienda de alimentación que gestionaba y de la que dependía su salario. Fue un duro golpe, pero no le quedó alternativa. «Era autónoma y te ves con una mano delante y otra detrás. Además, no podía trabajar porque tenía que estar dos años de cura».
Pero no todo resultó como quería. Aunque, al menos, consiguió una minusvalía. Un certificado con el que trató de volver al mercado laboral, pero no le fue fácil. Sí encontró trabajo, aunque no estable. Estuvo un tiempo en una tienda y después, cuando la iban llamando, en una residencia de mayores. «Había días que acababa mi turno y no sabía si tenía que volver al día siguiente», recordaba. En otro empleo el problema llegó con las compañeras, que no entendían las limitaciones derivadas de su discapacidad.
Así que cuando vio por Internet la oferta de Miranda Social Energy acudió a ver si tenía suerte. No se lo pensó. Y tiene claro que acertó. «Estoy súper a gusto. Yo llegué, presenté el certificado, me explicaron en qué consistía el puesto de trabajo y si pensaba que podía hacerlo. Dije que sí y aquí estoy».
Para ella, además, el cambio ha sido muy positivo en lo que a jornada laboral y conciliar vida profesional con personal se refiere. «Venía de trabajar 13 horas y aquí, cuando vengo de mañana, a las dos de la tarde estoy fuera. Además, es un empleo que te da seguridad y estabilidad. Te permite estar tranquila. También me gustó que son muy claros y valoran tu trabajo», apuntó.
«Es duro estar mucho tiempo sin trabajar»
Raúl Argómaniz
Tener un empleo no es sólo necesario por dinero, también por bienestar emocional. Ymás, cuando tras muchos años de trabajo, las secuelas de un ictus te dejan fuera de juego para acceder a un puesto ordinario. En su caso, perder la visión de un ojo derivó en una discapacidad del 34%, que no fue fácil de conseguir;y, a continuación, en una búsqueda activa de un trabajo que pudiera desempeñar.
Para Raúl, tener todo el día libre, sin nada que hacer, no entraba en sus planes. Así que, tras año y medio en el paro, cuando ya estaba más recuperado, se puso manos a la obra con el ánimo de lograr un contrato y lo consiguió rápido, en 15 días, pero a través de un centro especial de empleo, en logística y con el SMIy las pagas prorrateadas en la nómina. «Aun así, me alegré enormemente cuando me llamaron. Es duro estar mucho tiempo sin trabajar. Yo he trabajado toda mi vida y me viene bien de cara a hacer vida social y sentirme persona. No valgo para estar todo el día ocioso».
Pero eso no significa que sea conformista. Llevaba un año en su puesto cuando le surgió la oportunidad de entrar en Miranda Social Energy. Le llegó a través de Salud Mental, una asociación cuya actividad desconocía. La primera vez que contactaron con él fue para el primer empleo que logró tras el ictus y, al principio, le chirrió. Lo primero que les dijo es que «no tenía problemas de cabeza. Pero he encontrado gente muy maja, encantadora». Y, también gracias a ellos un empleo en el que se siente realizado y valorado tanto en lo personal como en lo económico, y en el que ha encontrado grandes compañeros.






